lunes, febrero 04, 2008

24 de diciembre

Podría ser la misma esquina de siempre si no fuese porque parece una excrecencia de las Sombrías aventuras de Billy y Mandy. A veces es más sombría, a veces, menos, pero el conteiner está ahí, amenazante siempre. Semiabierto rezuma, como una caries, podredumbre y todo el resto, sumisamente, lo acompaña. Entonces la mujer, para no ser tan sumisa, cruza y más esta nochecita del 24 de diciembre, en la cual no quiere andar pisando mugre. Le tiene miedo a ese contenedor. A veces sospecha de él, porque lo va invadiendo todo. Podría ser un link, la interfase a una dimensión inversa, una ficción, sin duda. Sin embargo, no hay ficción que no tenga asiento en la realidad real. Un ruido le avisa y ve elevarse un poco la tapa rota, verde, pesada. Una imagen del inframundo se cuela. Ante sus ojos aparece un Papá Noel. Flaco, oscuro, sucio, hambriento; si la luz dejase verlo, una sombra sin dientes, un disfraz sin personaje, una mueca. De esquina a esquina le grita feli navidá, amiga. ¿Quién sabe? Tal vez cada ciudad genere el Papá Noel que merece.