lunes, noviembre 26, 2007
un día cualquiera
viernes, noviembre 16, 2007
palabras enormes y tanta miseria
lunes, noviembre 05, 2007
tres gorriones, dos palomas, dos gallinas
Fue hoy, el día después de la tormenta, cuando fueron a la rambla y encontraron los pajaritos muertos, tres gorriones con el pecho alzado al cielo, dos palomas, dos gallinas rodeadas de maíz. Ayer ella vio en la vereda dos pies descalzos, apoyados, tirados así nomás, medio derrotados. Y los pies continuaban en una mujer parecida a ellos. A esos pies descalzos en la vereda. Y después de todo, ¿qué problema? Si la mujer estaba ahí tomando mate, esperando que abrieran la puerta del refugio en mercedes entre yi y cuareim, rodeada de otras tantas parecidas. Pero sus pies eran algo único y vencido. Y ahora que ve los pájaros recuerda su forma brutal y sola, como de cosa abandonada o pajarito muerto, relámpago de soledad, tal vez, o tal vez nada. Más tarde, cuando llegan a la casa él se sienta frente a ella. Ella lo mira un ratito (siente ternura ante su rostro que le es tan conocido) y después levanta los pies y los apoya en sus piernas Uno en cada pierna. Él los toma con sus manos y les hace masajes, así, despacito, empieza por las puntas, el empeine, los tobillos y de nuevo las puntas. Así y así, de la forma en que sabe él a ella le gusta, mientras los pies se deslizan quietos, porque de esa manera, quietamente, se deslizan hacia el centro y allí presionan, suaves. Él mantiene los ojos cerrados. Ella mira. Siente sus pies entre esas manos. Los ve dejar su huella en el cuerpo del hombre. Los ve entre esas manos que van extendiendo las caricias, los ve continuarse en ella, una mujer estremecida, pero seguro puede ser también un pajarito muerto, una figurita inerme y repetida, tres gorriones, dos palomas, dos gallinas. Él abre los ojos y la mira. Una mujer que se abandona en una vuelta cualquiera de la vida.